carta 17: esta copa no está tan rota

¿Vos te acordás cuál era tu sueño de pibe? Te desafío a recordar ahora, lo que querías ser cuando fueras grande. ¡Cómo cesan los sueños cuando sabemos que soñamos! Y qué pocos, los hacen realidad. Venirme hasta acá, no era mi sueño. Yo tenía otro. Pero no me quejo. Al menos de todos los exilios posibles, a mí me tocó uno light. Antes la pasaban peor. Mucho peor. Y no había Internet. Mi exilio no fue racial. No fue por causas sexuales, sanitarias, penales o revolucionarias. No fue tampoco la guerra ni la etnia ni la hambruna ni una pandemia. Mi exilio no fue político. No fue destierro terminal. Tampoco fue exilio religioso… esa lista interminable que incluye todas las religiones, que por turnos fueron tanto perseguidos como perseguidores. Yo me vine porque no tenía un mango y necesitaba laburo. Bueno, más o menos eso. O nada que ver, qué se yo… Como un asceta, dejé en otras manos mis posesiones mundanas y se repartieron el paupérrimo botín como buenos ladrones. En una mochila cargué el termo, la bombilla, el pelapapas de mi vieja y una esperanza humilde que era toda mi fortuna. En aquel naufragio del 2001, me fui sin mirar atrás… de un país lleno a reventar de creatividad y buena gente… un país enorme que es una fábrica de pobres. Lo están golpeando todo el tiempo… Y nos siguen pegando abajo. De alguna manera ¿no seremos acaso todos descendientes de emigrantes y refugiados? Los que tuvieron que apretar sus sueños en una valijita para rajar justo a tiempo. Hace mucho que esos nómadas se vienen mezclando. Y mientras tanto, el amasijo de sueños se iba guardando en silencio. Nadie se animó a decir una verdad, siempre el miedo fue tonto… Hasta que la valija que me toca, el día menos pensado me explota en la jeta como una piñata. Qué difícil se me hace cargar todo este equipaje. Por suerte en cada generación, hay algunos que nacen sin valija y con estrella. O una gran fe. Decididos a realizar su sueño. Era todavía un purrete cuando nos anunció en voz alta. Mis sueños son dos. Y lo dijo bien clarito: Mi primer sueño es jugar en el Mundial. Y el segundo es salir campeón. El hombre que nunca quiso ser un ejemplo, no se falló a sí mismo. Sus dos sueños cumplidos. Sus doce copas, como los doce trabajos de Hércules, concluidos. Y más tarde, nos dijo más: Yo conocí el ser pobre y es malo y difícil. Si lo tenía todo en contra; pero lo logró. Y al conseguirlo, encima, hizo felices a millones y aún seguimos festejando. Si ese no es un buen ejemplo, decime por favor dónde está. Entre tanta frustración y pérdida, por algún lado tenía que venir la revancha de un final feliz. Dále, acercá tu vaso vacío, que hoy invito. Brindemos: que los sueños a seguir, sean nuestros sueños de infancia. Porque sólo lo que soñamos de pibes es honesto. Caminito del alma por donde ir antes de que se nos borre. Yo te digo ahora, seguí tu sueño, lo que te hace feliz, seguí esa intuición, tu inspiración, no abandones. No hagas del país tu excusa. Vos sabés que ganar no está en llegar sino en seguir. Se puede inventar un nuevo himno, uno que cante ¡y juremos con gloria vivir! Y no te olvidés de ser generoso. Realizando tu sueño, otros serán muy felices también. Acordáte del Pelusa.

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