carta 2: cuando me fui no me alejé

Un extraño y viejo poder nos centrifuga desde siempre sin fatigarse. Algunos resistieron y aún resisten. Otros, somos eyectados. Sin quererlo. O queriéndolo. Como diminutos meteoritos que pasan inadvertidos, caemos en tierras bisabuelas. Ahora el mar es una larga separación. Tu nuevo estado civil: inmigrante. Y pasó mucho antes, lo que te está pasando. Por culpa del jet lag, no se te ajusta el horario al corazón. Todavía no sabés, que a partir de ahora, tu reloj interno siempre estará marcando el sur. Un pasaporte europeo te justifica, pero lo argento te delata. Recién llegás y no podés aguantarte un minuto más sin hablar. Necesitás desesperadamente un cómplice para dos cosas: una queja, un chiste. Se te acaban de ocurrir y compartir es tu compulsión. Así que tu estrategia primera de visitante, será buscarte un amigo local. Urgente es para vos la amistad. Estás ávido por empezar una conversación. En susurros, vas a crear esa intimidad. Chamuyo y seducción. Sos curioso. Jugás en voz alta a adivinarle la camiseta. Preguntás el signo. Y sin permiso, te apurás a ciegas a hacer de terapeuta. Audiolibro de bolsillo de la autoayuda universal. Caradura o polizón. El laburo no será problema. Sos cartonero, sos filósofo. Licenciado en improvisación. Economista y psicólogo. Tenés una respuesta para todo y demasiadas ideas para nada. Varios diplomas sin carrera y un master incompleto de la posibilidad. Veinticinco cursos que no te dan recursos. Un libro publicado de poemas. Hablás al vesre y dominás las lenguas del piropo, lunfardo, jeringoso y psicoanálisis. Un ego tan grande que te tropezás. Pero vos sabés que estás más hambriento de amor que de micrófono. Tu baja autoestima será comodín. Ser vulnerable para no quebrarte nunca. Y por la azarosa mezcla que sos y lo perdido que te sentiste siempre, ponerte en la piel del otro te sale tan fácil. Empatía es la hormona que gobierna tus reacciones. Vos no sabés engancharte sino es a través de la emoción. Y entonces se da el efecto aglutinamiento. Inevitable argentinidad que se atrae a sí misma. Amistad a nivel cuántico, donde espacio y tiempo se desdibujan. Y entre todos encarnamos ese sueño federal a la distancia: Mendoza, Córdoba, Mar del Plata, Bariloche, Misiones, Rosario, Buenos Aires. Concentrados en una patria del tamaño de una mesa de bar, en tertulia celeste y blanca, sin un mango, empoderados con canción de hinchada que no teme al ridículo, con ilusión de gol. Replicar ese bendito ’86. Para elevarnos aunque sea durante un instante, por encima de las cordilleras imposibles. Dale alegría a mi corazón. Que no necesitaremos nada más. Si nos toca ganar no es superioridad ni éxito. El Diego lo explicó, es como que tu mamá te venga a despertar con un beso a la mañana. Volver a equilibrar la estima. Sentirse amado. Ni admiraciones ni victorias sino sencillamente ser admitidos como parte de una realidad innegable. Dos piernas, pelota y arco arman entonces tu balanza de justicia. Para esa pasión no hay traducción. Es marca registrada. Ni orden, ni opulencia, ni ruinas o religiones milenarias. Vos tenés pasión. Es todo lo que tenés. Pasión y nostalgia. Te va a mantener a flote, te va hundir, te va a salvar. Igual al final, los boludos son como las hormigas, están en todas partes. Y siempre hay nuevas golondrinas, con ansias de cielos lejanos.

7 comentarios sobre “carta 2: cuando me fui no me alejé

  1. Amistad , necesidad de rejunte entre argentos para poder dar clases de todo y sentirte alguien y el fútbol siempre la pelota el Diego que más para describirnos! Genial! Otra vez cada palabra tiene un enorme significado para mí: también inmigrante alguna vez…

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  2. Buenísimo, me encantó, muchísimas gracias por hacérmelo llegar. Un argentino que emigro por aquí lo entiende y se siente muy identificado. Abrazo de gol.

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