carta 7: si no podés cambiar vas a pasarlo mal

La retórica que dominamos es llevar la contra. Costumbres argentinas es decir ¡no! Si no hay pasión ni lucha, te aburrís. Sos un emocional incondicional, un chinchudo. Fértil para la demagogia y fanático de vocación. Sentir hasta resistir. Tan sabelotodo, pero todavía no aprendiste a negociar. O no podés: estás completo en lealtades. Inflexible. Creyendo con tu vida que hay cosas que no tienen precio y jamás lo tendrán. Aunque los que siempre tienen la sartén por el mango y el mango también, sean unos veletas por conveniencia, vos seguirás siendo hincha fiel, a tu código de rrioba, a la camiseta y a tu afiliación: están sellados en tu ADN y no admiten mutaciones. Hay cosas que son inalterables. El choripán sin mayonesa, la pizza sin ananá, los palmitos con salsa golf y los bizcochos sólo de grasa. Si no tiene ají molido no es chimichurri. Mi bandera planchadita, la mamadera calentita. Y que nadie se atreva a tocar a mi vieja. Pero a pesar de todos mis ideales y ese destino de furia, por más maleva y compadrita que me crea, soy presa dócil para cualquier manipulación, en vivo y en directo o en diferido. Más blanda que el agua blanda. Bien en el fondo, somos pueblo manso y tranquilo. Si nuestras armas más potentes y eficaces, fueron pañuelos blancos, cacerolas, escraches, cantos de hinchada y prosa dolorida. Cualquier conflicto, es al fin y al cabo un problema de comunicación. Cada cual tiene un trip en el bocho: difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo. Entonces todo puede explicarse como un simple malentendido. Así, mis vocablos criollos más inocentes pueden llegar a convertirse en una reverenda puteada local. Y viceversa. Ahora resulta que soy políticamente incorrecta. No se enteran que la clave está en la entonación. Yo no tengo problema que me llamen negra, gorda, flaca, napia, tana, turca, rusa, gallega, petisa, larguirucha, chancleta o putarraca. Y vos sabés que yo puedo decirte negro, chino, bocha, pelado, corcho, ñato, chueco, atorrante y laucha. Si te lo digo con cariño, no habrá rencores. Porque una cosa es boluda y otra es boluda. ¿Te das cuenta? La entonación es intención también. Estas sutilezas, pasan desapercibidas para el desprevenido transeúnte europeo. Estará convencido que vas al choque y sos peligrosa. Primero por la forma en que te le aproximás, demasiado cerca para su gusto. Y porque establecés contacto visual directo y constante, sin claudicar. Porque hablás mucho, sin pausas y tu voz suena a reclamo. Y movés las manos todo el tiempo, como si estuvieras haciendo traducción simultánea a lengua de señas, mientras tus otros 600 músculos, se explayan en movimientos grandilocuentes, alternados con sacudidas abruptas de los brazos, que pueden incluso tocar intencionadamente el hombro o el codo de tu interlocutor, para realizar la típica palmadita de amigote; y todo esto entre sonoras bocanadas de aire de tanto en tanto, cuando te acordás de respirar. El pobre tipo se cree que te lo vas a morfar vivo. Pero vos sólo le estas preguntando dónde está la farmacia más cercana. ¿La comunicación? De momento es imposible. No soy de aquí, no estoy allá, es la macana de la brecha cultural. Busco hacer pie en este mundo al revés. De repente tanta distancia me da otra perspectiva. Se me estaba achicando su imagen lejana pero ahora en mi alma, se agranda su encanto. Mi querido país baldío. Desde tan lejos te entiendo más y me vuelvo a enamorar.

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